Tom
Cullberg
Encontrada en una de las estanterías, la novela Världens mått (La medición del mundo), de Daniel Kehlmann, reimagina las vidas de dos científicos del siglo XVIII que buscan formas creativas de medir el mundo. Con sus numerosos componentes pintados, paneles que representan libros, portadas de discos, paisajes y edificios, junto con objetos de madera esculpidos, desde pequeñas figuras hasta cajas de cigarrillos y coches, la obra de Cullberg también evoca preguntas sobre la medición del tiempo, el espacio y la vida. Al hablar de la distancia entre las personas, los lugares y las cosas, manifestada físicamente en las estanterías, la obra también mide esa distancia y, al hacerlo, la borra. Existiendo en el presente, también hace referencia a un pasado rebosante de anhelo y quietud.
Una cápsula del tiempo de lugares conocidos y desconocidos, referencias a veces inventadas, de música, literatura y cultura popular, y reliquias de una era analógica, es en la yuxtaposición de las piezas donde surgen las conexiones, que llegan al espectador y le preguntan: ¿cómo hemos llegado hasta aquí y adónde iremos?